sábado, 14 de mayo de 2011

Verdecillo común (Serinus serinus): el Canario peninsular


El verdecillo (Serinus serinus) es el más pequeño de los fringílidos que recorren nuestros cielos y a mi entender –y el de otra mucha gente- es el canario peninsular. Tiene una cabeza relativamente grande en comparación con el cuerpo -cosa que le sucede a otros familiares suyos como el verderón común (Carduelis chloris)- y un pico muy muy corto que prácticamente forma un ángulo de 90º. El chamariz -nombre vernáculo del verdecillo en nuestra zona- se alimenta principalmente de grano, aunque puede llegar a capturar invertebrados para alimentar a su prole.

Si prestamos un poco de atención podremos oírlo con facilidad, con su típica voz que recuerda vagamente a un triguero, por su constante y persistente trinar, pero bastante más agudo. En estas fechas se establecen en pinares de porte medio-alto, donde construyen sus nidos.

Comparativa entre sexos: a la izquierda la hembra y a la derecha el macho.

Por regla general los machos tienen un aspecto mucho más amarillo-verdoso y la frente y la garganta son de color amarillo intenso, mientras que en las hembras presentan un rayado muy acusado. De todos modos los plumajes de ambos sexos pueden ser muy variados y hay muchas tonalidades intermedias que pueden crear confusión –muchas hembras que tienden a amarillear casi como los machos-. En esta foto aparecen dos individuos bastante típicos y con sexos bien diferenciados. Además, en el caso del anillamiento científico, podemos valernos –como también fue este caso- de la placa incubatriz para determinar el sexo, en caso de las hembras que estén inmersas en el proceso de cría.

viernes, 13 de mayo de 2011

Nido de Cárabo Común (Strix aluco)


El Cárabo común (Strix aluco) es una Strigiforme de tamaño medio -casi 1 metro de envergadura- y de formas redondeadas, muy común en todo el territorio europeo y abundante especialmente en la Península Ibérica, aunque ausente en Baleares y Canarias. Su menú incluye micromamíferos, pájaros e incluso insectos.

En lo que a su biología reproductiva se refiere, el cárabo comienza la toma de sus territorios sobre octubre o noviembre. Elige principalmente troncos huecos de árboles muy diversos (incluso palmeras), cuyo interior no se molestan en arreglar y se conforman simplemente con el serrín que el propio tronco libera al fondo del cuenco, sobre el cual la hembra pondrá 3 ó 4 huevos normalmente sobre la primera quincena de marzo -fecha muy variable dependiendo de factores como la latitud, condiciones del territorio, disponibilidad de alimento, competencia, etc.-. Durante las 4 semanas que dura la incubación y las primeras semanas de vida de los pollos, el macho se encarga de la caza para alimentar a la hembra y a su prole y la hembra del cuidado del nido. Cinco semanas después de haber roto el cascarón, son perfectamente capaces de volar.

Pollos de cárabo común (Strix aluco) en nido dentro de un tronco hueco de chaparro.

Los pollos que aparecen en la fotografía -tomada el 25 de marzo de este año- corresponden a un nido muy cercano a la Bahía de Cádiz y establecido dentro del tronco hueco de un chaparro. Como se aprecia, dos de los pollos corresponden al morfo gris de la especie, mientras que los otros dos son del morfo pardo. En la Península Ibérica el más abundante es éste último. Como nota curiosa, según un reciente estudio de la Universidad de Helsinki, la proporción entre el morfo pardo y el gris está aumentando en favor del primero, hecho que este estudio atribuye a la mejor capacidad de mimetismo de los individuos pardos en ambientes más cálidos y que podría estar ligado al archifamoso y discutido cambio climático.

PD: Los cárabos tienen un acusado carácter territorial y pueden llegar a mostrarse muy agresivos especialmente en defensa de su nido durante la época reproductora, así que es muy aconsejable que sólo se aproximen a los nidos personas que tengan cierta experiencia y con propósitos científicos y/o conservacionistas.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Nido de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)


El cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) es una especie de ave rapaz de la que ya he hablado con antelación, sobretodo de temas relacionados con el sexado y datado en mano. Hoy me centraré en sus hábitos nidificantes.

En estas fechas solemos ver cernícalos cazando por nuestros campos, desde primera hora de la mañana. Si nos fijamos, casi todos los individuos que veamos serán machos y no es casualidad. La hembra está ya ocupándose de la incubación y, en casos más tempraneros, del cuidado de los pollos.

El cernícalo vulgar es una especie que se adapta con gran facilidad y, al contrario que su pariente el cernícalo primilla (Falco naumannii) es capaz de anidar en una gran variedad de lugares, desde una grieta en una laja, pasando por árboles de porte medio-alto, hasta todo tipo de construcciones humanas, abandonadas o incluso habitadas. En cualquiera de estos sitios, la hembra depositará al menos 3 huevos (pudiendo llegar hasta 7) de casi 4 cm. y que incubará principalmente ella durante un mes.

Nido de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) con 6 huevos.

En la foto se puede ver un nido situado dentro de un cajón de madera, más que suficiente para esta pareja de cernícalos. En este caso se trata de una puesta de 6 huevos, con el característico color pardo-crema manchado de un pardo más oscuro.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Muda postjuvenil parcial en paseriformes


La muda es un proceso totalmente necesario para las aves. Las plumas viejas ya desgastadas, descoloridas y que empiezan a perder calidad para sus cumplir sus funciones (vuelo, termorregulación, lenguaje corporal...) deben ser sustituidas por otras nuevas. Existen dos tipos de muda: completa y parcial. La primera de éstas se caracteriza, como su denominación indica, en mudar absolutamente todas las plumas, esfuerzo de un enorme gasto energético y que conlleva una gran pérdida de peso. En el segundo de los tipos, la parcial, el ave puede mudar las plumas de contorno del cuerpo o parte de las plumas de vuelo.

El caso de los individuos juveniles es algo distinto. Su patrón de muda viene condicionado por la circunstancia de que son aves que rompieron el cascarón en abril o mayo y han pasado su primera etapa de vida calentitos en el nido, con todo el plumón del que la madre naturaleza y la genética les provee, pero ya han comenzado a hacer vida propia y necesitan una nueva ropa con la que afrontar el otoño y el invierno que se avecina. Sus plumas de vuelo son nuevas, de menor calidad que las del adulto, pero nuevas al fin y al cabo, y les permiten volar sin ningún tipo de problemas. Ante la falta de necesidad de mudar estas plumas, ya que el sustituir las plumas de vuelo que ya tienen no compensa el esfuerzo energético de cambiarlas, el individuo se centra en cambiar sólo las plumas que sí le son necesarias de cambiar, es decir, las corporales, que les van a otorgar cualidades termoaislantes suficientes para pasar su primer invierno.

Así pues, en la mayoría de paseriformes se da lo que se denomina estrategia 1 de muda (Mucho más que plumas), o lo que es lo mismo, los jóvenes del año realizan una muda parcial en su primer verano, mientras que del segundo verano en adelante llevan a cabo mudas completas de verano en verano, no mudando nada durante el resto del año.

En la anterior imagen, obtenida del Atlas de Identificación de las Aves de Aragón (Javier Blasco Zumeta), se muestra la muda postjuvenil parcial del mirlo (Turdus merula). Coloreadas de rojo aparecen las plumas que todos los individuos mudan en su primer verano, mientras que en amarillo aparecen las plumas que sólo algunos individuos mudan. La extensión de la muda parcial está condicionada por factores como la alimentación. Aves con una ingesta considerable se pueden permitir el mudar más plumas en su muda parcial, ya que no les supone un sacrificio energético tan grande como a otras que estén más desnutridas.

Ala de un mirlo (Turdus merula) macho después de su muda postjuvenil parcial

Esta segunda imagen, corresponde a una fotografía real de un mirlo tomada en el campo. A pesar de que pueda parecer un montaje con photoshop, no es así, sino que las plumas más pardas o marrones son las correspondientes a la etapa juvenil y las más oscuras, de un intenso negro (ya que es un macho) son las nuevas plumas, cambiadas en la muda postjuvenil parcial. He seleccionado precisamente una foto de esta especie porque el contraste entre plumas viejas y nuevas es muy grande y se aprecia sin ningún tipo de problema. Como se observa, se ajusta perfectamente al patrón que Javier Blasco Zumeta indica para la especie, habiendo mudado todas las pequeñas, medianas y grandes coberteras, carpal, álula, terciarias e incluso alguna secundaria.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Diferencias entre macho y hembra juveniles de Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)

Ésta es prácticamente una continuación de la entrada anterior, sobre anillamiento de cernícalos vulgares (Falco tinnunculus). En este caso trataré de explicar de manera básica las diferencias existentes entre machos y hembras juveniles.

Comparativa del ala, dorso y cabeza de un macho (arriba) y una hembra (abajo) juveniles de Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)

En esta primera foto se puede apreciar que ambos individuos, capturados el mismo día, presentan un plumaje típicamente juvenil, en el que prácticamente todas las plumas conservan el borde antecino que comenté en la entrada anterior. La principal diferencia en cuanto al sexado se encuentra en la forma de las motas oscuras sobre el fondo marrón. El macho da la sensación de tener un dorso y unas coberteras más limpios de motas que la hembra. Este "efecto óptico" no es ni más ni menos que el resultado de los distintos diseños que estas motas adquieren según el sexo. El macho tiene motas más pequeñas que las de la hembra, pero además la forma también es distinta, siendo en el macho más fina y apuntada, con forma de rombo, y por contra en la hembra mucho más ancha y casi de forma triangular, en forma de punta de flecha un tanto ancha.

Comparativa de la cola de un macho (izquierda) y una hembra (derecha) juveniles de Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)

Si echamos un vistazo a la cola, ambas son de tonos muy semejantes, si bien la del macho tiene un tono más grisáceo (un tanto exagerado en este caso por el balance de colores de cada fotografía...). Las hembras viejas tienden a tornar de gris sus rectrices, pero esto no sucede en los juveniles. Ya que estas sutiles diferencias de tonalidades no son siempre fácilmente apreciables, podemos fijarnos en un caracter que es definitivo: los machos tienen las supracoberteras caudales grises, si ya están mudadas, mientras que las hembras, por mucho que consigan grisear su cola, nunca llegan a tener también de este color las SCC.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Anillamiento de cernícalos vulgares (Falco tinnunculus)

Esta mañana tuve una nueva toma de contacto con el ave que captaba toda mi atención durante mi infancia y por la que, por tanto, siento un especial aprecio: el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). Bal chatri en mano, la expedición partió de Chiclana, dirección a las Cañadas de Puerto Real, con Rafael, Luis, Bea y un servidor como integrantes, además de la más que necesaria compañía del pequeño "Espini", roedor que habría de darnos las alegrías de la mañana.

Todavía no habíamos parado a desayunar cuando tuvimos que ponernos manos a la obra porque un joven hambriento no pudo resistirse a la tentación que le suponía el movimiento de "Espini".

Falco tinnunculus. Macho joven.

Tras cargar pilas en la Venta Rosario, nos hicimos más kilómetros que una mula vieja en busca de algún cernícalo que desde su posadero estuviera en busca de alguna presa que llevarse al pico. La densa niebla que nos acompañó durante toda la mañana y la ausencia de pájaros nos lo dificultaron en gran medida hasta que al final, con la esperanza ya casi perdida y de vuelta a casa, nos topamos con una hembrita que decidida se tiró a por nuestro ratoncillo.

Falco tinnunculus. Hembra adulta.

Falco tinnunculus. Detalle de las garras de una hembra adulta.

Falco tinnunculus. Hembra adulta. Detalle de la cola.

También me pareció interesante tomar fotos del ala de ambos ejemplares y luego he compuesto una foto en la que se ver perfectamente la comparativa entre sus caracteres:

Comparativa del ala de dos individuos de Falco tinnunculus. Arriba macho joven, abajo hembra adulta.

En lo que a sexos se refiere, el macho no tiene el extenso moteado que tiene la hembra, además de que sus motas son mucho más finas en comparación con la anchura que poseen las de la hembra. Cabe destacar que el macho comienza a tener un atisbo del futuro color gris que predominará en su cabeza.

Para el datado, nos podemos fijar en varios caracteres: el macho es un juvenil, es decir, un ave nacida este año. Todas sus plumas de vuelo tienen un borde ante, típico de juveniles. Por otra parte, como comenté anteriormente, la cabeza aparece barrada, algo típico que jóvenes, mientras que la cabeza de un macho adulto debería ser gris. La hembra carece de ese borde antecino y todas sus plumas son de una misma generación. Plumaje completamente nuevo en comparación con el del joven macho, que presenta un desgaste bastante acusado en las puntas de las primarias.

En fin, una buena mañana disfrutando de estos preciosos animales y de la buena compañía.


P.D.: Ningún roedor resultó herido o muerto durante la captura de estas rapaces.

Me gustaría dedicar esta entrada a Rafael Sánchez Carrión, por todo el interés y dedicación que ha depositado en mi aprendizaje. Gracias, Rafael.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Report Salida en Barco por Cádiz

6 de noviembre. Hartos de tan sólo poder observar desde la distancia cómo las aves marinas sobrevuelan nuestras costas, decidimos dar un pasito adelante y embarcarnos en una nueva aventura, nunca mejor dicho. La idea que desde hacía meses nos rondaba la cabeza, ayer por fin se hizo realidad.

Nos esperaba un día meteorológicamente espectacular, más típico de mayo que de noviembre. A cuentagotas fuimos llegando a Puerto América sobre las 9 de la mañana, momento de reencuentro y de conocer a otros colegas de pasión, hasta entonces desconocidos. Enseguida vino a recibirnos Alexis Gasalla, patrón del Hespérides, barco velero que minutos más tarde recibiría a tripulación de esta experiencia piloto:


En la foto, de izquierda a derecha y empezando por arriba: Fran Romero, Maribel Rubio, Alberto Álvarez, Óscar Llama; Juli Bruggi, Carlos Moreno, Ale Ochoa, Jose Portillo; y Rafa García (y un servidor, Pablo Barrena, detrás de la cámara).


Entre expresiones de asombro por el magnífico equipamiento de nuestra embarcación, preparativos y ilusionadas charlas que se mantenían en cubierta, finalmente zarpamos a las 10:10 h. Rodeamos Cádiz por su cara más septentrional, surcando la canal vieja y dejando, primero a estribor la Catedral y más tarde a babor unas preciosas vistas de la Alameda Apodaca, el Castillo de San Sebastián, la viñera Caleta y su Balneario. No habíamos tenido aún tiempo de darnos cuenta de que estábamos embarcados y ya nos habían visitado un págalo parásito (Stercorarius parasiticus) y una curiosa gaviota cabecinegra (Larus melanocephalus), amén de algunos charranes y gaviotas más comunes.


Apenas dejamos atrás Cádiz, el paisaje cambió. Las gaviotas dejaron paso a los alcatraces y págalos grandes, del mismo modo que tuvimos la oportunidad de disfrutar de movimientos migratorios al Sur tan interesantes como el de varios banditos de bisbitas comunes (Anthus pratensis) y de alguna mariposa sin identificar, ya bien entrados en mar.

A las 12:05 y ya habiendo ganado unas 5-6 millas de la costa, decidimos que había llegado la hora de comprobar la efectividad de nuestra arma mejor guardada: el chum. Tras diez minutos de tensión e intriga, apareció una solitaria gaviota cabecinegra, que pocos minutos después fue secundada por alguna patiamarilla (Larus michahellis). Estas parecieron atraer la atención de hasta seis alcatraces que sin embargo no mostraron ningún interés por quedarse y posteriormente de un charrán patinegro que nos deleitó con alguno de sus bellos picados. A las 12:35, media hora después de haber creado nuestro oloroso reclamo, hicieron acto de presencia dos paíños de Leach (Oceanodroma leucorhoa) que se movían de manera inquieta y viva sobre la superficie del agua, picoteando sin dejar de moverse. Nos acercamos a ellos y disfrutamos durante unos minutos de estos bonitos animales, que pronto se vieron acompañados por una gaviota de Audouin (Larus audouinii) adulta, hasta que tanto revuelo llamó la atención de un skua, que se acercó a la mancha y nos aguó la fiesta.

Ya era hora de buscar un nuevo punto de observación y tras discutirlo entre todos los tripulantes y el patrón, tomamos rumbo a Chipiona sobre las 13:00 para acercarnos a la desembocadura del Guadalquivir y aprovechar la presencia de algún pesquero, que sin duda habría de atraer a nuestras queridas marinas. Durante el trayecto aprovechamos para almorzar, hacer prácticas de navegación y ojear alguna revista de sumo interés ornitológico.

Una vez tomamos posición, gastamos nuestra segunda y última bala de chum, que no dio los frutos esperados. Apenas una Audouin y algunos págalos grandes se acercaron por allí. Sin embargo, nos percatamos de la presencia de un barco pesquero parado a poca distancia de nosotros, que estaba rodeado por una nube y un par de densas balsas de marinas. Poniendo en una balanza el escaso éxito de nuestro chum y la concentración cerca del pesquero, decidimos que lo más conveniente era acercarnos a éste último.


Ante la estupefacción de los pescadores, nos ataviamos con nuestros prismáticos y las cámaras de fotos y pudimos disfrutar del vuelo de los numerosos alcatraces a pocos metros de nosotros, así como del acoso que hasta 28 págalos grandes infligían a las gaviotas patiamarillas y sombrías (Larus fuscus). Fue entonces cuando una voz nos avisó de que debíamos fijarnos a ras de agua, algo más en el horizonte, ya que un pequeño paíño común (Hydrobates pelagicus) zigzagueaba entre la balsa de alcatraces en busca de algo que llevarse al pico. Una vez saciada nuestra sed fotográfica, rodeamos el pequeño pesquero, pasando muy cerca de la balsa de bassanus y viendo cómo tres pardelas baleares (Puffinus mauretanicus) seguían con su vuelo migratorio hacia el Sur, en busca de la entrada al Mediterráneo. De paso sobre la mancha que previamente habíamos creado, observamos el que sería el último de los paíños boreales de la jornada.








Tomamos rumbo de vuelta a Puerto América a las 15:00, desplegando velas, más de manera simbólica que eficaz, ya que el viento brillaba por su ausencia, por lo que finalmente volvimos a la navegación a motor. De camino a casa vimos una solitaria pardela cenicienta (Calonectris diomedea), más alcatraces y págalos grandes, ya habituales compañeros de viaje, y una última sorpresa en forma de págalo pomarino (Stercorarius pomarinus). Ya casi en Cádiz, con el ocaso cerca y las rocas del Castillo de San Sebastián cubiertas por la pleamar, nos recibieron los charranes y las gaviotas, acabando nuestra aventura donde la empezamos, a las 18:00.


En definitiva, una experiencia inolvidable, en la que yo particularmente era primerizo, rodeados de aves marinas, buena gente y buen ambiente. Sin duda repetiremos. Habrá más y mejor.

La salida en números:

Especie
Número
Págalo parásito (Stercorarius parasiticus)
2
Charrán patinegro (Sterna sandvicensis)
No contado
Gaviota cabecinegra (Larus melanocephalus)
3
Gaviota reidora (Larus ridibundus)
No contado
Alcatraz atlántico (Morus bassanus)
50
Bisbita común (Anthus pratensis)
No contado
Págalo grande (Stercorarius skua)
68
Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)
3
Gaviota de Audouin (Larus audouinii)
2
Paíño de Leach (Oceanodroma leucorhoa)
3
Gaviota sombría (Larus fuscus)
No contado
Gaviota patiamarilla (Larus michahellis)
No contado
Paíño común (Hydrobates pelagicus)
1
Pardela balear (Puffinus mauretanicus)
3
Pardela cenicienta (Calonectris diomedea)
1
Págalo pomarino (Stercorarius pomarinus)
1
Charrán común (Sterna hirundo)
No contado
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