Sí señor, todo un críalo europeo, donde menos te lo esperabas... y no era el único, puesto que ví al menos otros dos más y aún se escuchaba alguno más de fondo. No lo había visto nunca, pero no dudé a la hora de identificar un bicho así... Simplemente precioso, aunque para mi gusto tiene una voz que no se la merece jeje. Ahora me doy cuenta de que el que le puso su nombre científico (Clamator glandarius), no lo hizo por gusto... Distinguí también que entre los individuos allí presentes, también había juveniles. No debe ser coincidencia, que hace ya unos años, empezaba a llamar la atención ver alguna urraca por la universidad y que ahora que empiezan a verse con mucha asiduidad, aparezca nuestro querido amigo el críalo europeo a parasitarle el nido.
¡Ah! ¡Y ya casi se me olvidaba! Justo antes de descubrir a mi amiguete el críalo por los pinos, tuve el privilegio de ver otra especie que no había visto hasta el momento:

Dos bonitos carboneros garrapinos (Parus ater) de la subespecie britannicus, que es la que tenemos en la Península Ibérica. Es básicamente el primo desteñido del carbonero común, que ahora se está dejando ver bastante por los jardines de la facultad.
Como no hay dos sin tres, al día siguiente volví al mismo pinar a volver a ver al críalo. Tras una intensa búsqueda, volví a localizarlo. Pero con lo que yo no contaba era con ver una nueva especie para mí, la tercera en dos días:
Estaba lejos, pero su tono verdoso general y su píleo rojo tan llamativo le delataron. El pito real o Picus viridis es una especie bastante huidiza, de ahí que, aunque a menudo se le pueda escuchar, no es tan fácil llegar a verla directamente.
En definitiva, han sido tres inesperadamente intensos días de pajareo.